sábado, 17 de enero de 2026

EL APRENDIZ



Nada más que abrir la puerta del ascensor me saludas con tu preciosa sonrisa y un “ hola, güelo Lolo”. Conmovido te abro de par en par mi casa y repasas todos los pulsadores para iluminármela porque te maravilla ver la luz. Has encendido el bote de las esencias perfumantes para maravillarte con el cambio de colores que resaltas: “ asú, gojo, banco, dosa, mali llo, verde…”.

Tu pelo rubio color de amarillo oro, tu carita roja y tu vestido, irradian una sinfonía de colores que me hacen llamarte no nieto, sino “mi Colorín”. ¡ Tan precioso eres!...

Te interesas por las campanas del templo de la patrona, la Virgen del Mar y preguntas: ¡ Güelo, capacas!” para repetirte que las campanas no suenan. Están dormidas como los curas que hacen la siesta.

Te tengo preparado dos ejercicios, dos juegos, porque lo que más nos gusta y nos une, Alejandro, es el juego. Ponemos el teclado del ordenador apagado y te enseño donde pinchar la letra A de tu nombre, de Abuelo, de Amor; la M de mamá, de Mar y Manuel, la P de papá y la distingues, las repites y las comprendes.

Pero ahora, gotita de mi sangre, te voy a enseñar a dominar el aire para que nunca temas los azotes del viento en este litoral almeriense. Recojo mis armónicas y para ti, la pequeña. Ya verás. Es un instrumento pequeño, casi humilde, y sin embargo puede contar historias enormes. Como si dijera: no tengo mucho, pero te lo doy todo. Es un sonido que sugiere algo muy humano y muy cercano. Tiene ese punto áspero y sincero que parece salir directamente del pecho, como si no hubiera filtros entre lo que se siente y lo que suena; que trae recuerdos de alguien sentado en un porche al atardecer, o a un viajero solitario esperando un tren. También a la Nostalgia, pero no una triste del todo: más bien una Melancolía que reconforta, como recordar sin dolor que en manos de un niño como tú, suena a juego, a curiosidad, y en un abuelo como yo, a memoria y tiempo vivido.

Sígueme. Entona. Sopla de abajo arriba y tus pulmones transformarán el aire en bella melodía.




¡Señoras y señores, Alejandro y yo, para ustedes, el Burrito sabanero!. 

lunes, 30 de septiembre de 2024

LAS ALAS DEL ANGEL




Apenas hace cuatro meses aterrizaste entre nosotros y ya has emprendido tu primer vuelo. El deseo de volar está presente en la humanidad desde hace siglos, y a lo largo de la historia del ser humano hay constancia de intentos de volar.
Como Ícaro y Dédalo, has construido tus alas para poder escapar. Ya has conseguido atravesar el Mediterráneo en un vuelo que marcará la historia de tu vida, Arlet.
Muchas personas decían que volar era algo imposible para las capacidades de un ser humano. Pero aun así, el deseo existía y varias civilizaciones contaban historias de personas dotadas de poderes divinos que podían volar. Tú, pequeña, ya lo has conseguido
No lo recordarás, pero nosotros estaremos para contártelo y un Diploma, el primero de tu larga carrera de la Vida, estará para certificarlo.








sábado, 4 de noviembre de 2023

ALEJANDRO

A mi querida hija Mar




Viniste hoy que yo no te esperaba,

cuando mi huerto ya no florecía.

Viniste y has traído la alegría

de un Noviembre que yo ya no soñaba.


Fué milagro de amor que cuando estaba

sin flores mi jardín y no decía

el pájaro su dulce melodía,

flores hubo y el pájaro cantaba.


¡Fué milagro de amor! Te dije "espera"

y fuí al rosal que ya no daba rosas

y rosas florecieron. Tan hermosas

que volvió a renacer la Primavera.


Serás cruz en la proa de mi velero,

ancla cuando te coja entre mis brazos

para poder decirte que te quiero.


Serás sin vacilar quilla en mi barca, 

atajando la Mar con ágil vuelo.

Y yo seré el timón que ha de guiarte

Alejandro: porque ya soy tu abuelo.






lunes, 7 de enero de 2013

El espejito mágico

Cuentan que hubo una vez un singular ladrón de tiempo. Se acercaba a sus víctimas con un artilugio mágico y, con un misterioso gesto, les robaba una pequeña fracción de sus vidas. Con todos esos breves instantes sustraídos iba amasando momentos: unas porciones de tiempo de mayor identidad que depositaba cuidadosamente en un arcón secreto.


Cuentan que fue una noche de invierno cuando el usurpador de tiempo abrió sigilosamente el arcón secreto y contempló asombrado cómo brillaban multitud de minúsculos corazones. Eran pequeñas porciones de radiantes vidas y, juntas, agrupadas en ese arcón, se manifestaban como un recuerdo. Como una síntesis de una nueva vida.

Regalo para el abuelo. Reyes 2013


Cuentan que fue entonces cuando el ladrón tuvo una revelación. Supo que tenía que devolver ese tesoro. Se percató que, de esta manera, todos los momentos extraídos contribuirían a formar una nueva vida llena de bellos recuerdos.

Y cuentan que, bajo el sol del amanecer y asistido por las artes mágicas de una hechicera muy especial, recogieron esos momentos del arcón secreto, los encerraron en un espejito mágico y los confiaron a los Reyes Magos para que fueran retornados.


Sabían que, así, todos esos bellos momentos serian recordados y compartidos por los corazones que brillarían reflejados en el espejito mágico. Pero sabían que, así, de una manera muy especial, esos momentos y esos queridos corazones destellarían para siempre en lo más profundo del alma de esa nueva vida.




 


Feliz VIDA !!!

miércoles, 4 de enero de 2012

Carta de dos Reyes al otro Rey

Mañana, Álvaro, trocito de mi vida, vivirás la noche más mágica del año. Tus deseos se harán realidad por el arte mágico que sólo nace del Amor y la Generosidad. Todo lo que pediste en aquella carta que te ayudaron a redactar, aparecerá en tus zapatitos limpiados para la ocasión.

Pero, sin embargo, ahora que tú y yo estamos solos, quiero contarte una duda que siempre tuve. Y mi duda consiste en pensar que si todos los humanos, llegando este día, escribimos cartas a los Reyes Magos pidiendo nuestros regalos justificando habernos portado bien, a ellos, que son los mejores, los más bondadosos, ¿ quién les regala? ¿ qué regalos pueden traerles?.

Cuentan, querido niño, que un día el Rey Gaspar estaba triste porque se hacía la misma pregunta. Él, viajero incansable, que desde Oriente acudía puntualmente a la cita cada noche del 5 de Enero de cada año durante muchos siglos, nadie había reparado en que también deseaba un regalo que premiara su bondadoso carácter. Sus compañeros de viaje, repararon que aquél año Gaspar cumplía con su misión, pero ya no subía los balcones ni trepaba chimeneas con la jovialidad de años anteriores.... Y comenzaron a preocuparse.

Melchor, el más anciano y más sabio de todos ellos, tomó la iniciativa, pues le preocupaba ver triste a Gaspar y no queria que aquello acabara por arruinar la ilusión de millones de pequeños que, como tú, Álvaro, esperaban ansiosos el nuevo amanecer del Día de la Ilusión. Por eso, propuso a Baltasar escribirle a los Reyes Magos una carta pidiéndole un regalo para su compañero y amigo Gaspar.

Y esa carta, que llevaba en el pico el Pájaro Pinzón y que pude leer mientras descansaba en el alfeizar de la terraza, mirando los geranios que ya me ayudas a regar, decía así:


" Ante el caos del universo en constante expansión, la imparable entropía de la materia y el desorden por doquier que reina en el mundo, el hombre ha generado un afán innato de ordenarlo todo.

Ahí tenemos ejemplos de las bibliotecas con libros clasificados por materias y autores, de ficheros de texto -y fotos!- convenientemente archivados en carpetas virtuales de nuestro ordenador, de museos guardadores de restos de cualquier aspecto del pasado o de coleccionistas de todo tipo de adminículos al estilo del señor Marés.

Además, en otros aspectos de poner orden al precipitado desorden que nos rodea, tenemos ejemplos como los botellines de tercio empaquetados de a seis y, a su vez, en retráctiles de sesenta sobre palets de madera, guardados en formación de tres por diez por dos de altura dentro de un container de transporte y dentro, a su vez y junto a muchos containers más, de la bodega de un buque dispuestos a triunfar, como San Miguel, en el nuevo mundo. Una cantidad ingente de cerveza, en una cantidad aún más irreverente de envases. Todo un despilfarro… no?

Y es que el hombre intenta siempre, irremediablemente, poner orden a las cosas. Y las cosas en orden. Hay un sitio para cada cosa y hay cosas para ponerlas en cada lugar. Por ello este llamado “ser humano” ha inventado todo tipo de envases y enseres para meterlo todo dentro de algún continente. Claro está, el continente debe ser apropiado para cada función: armarios para almacenajes estáticos, cajas para el de trasporte, fundas para preservar objetos…

Y es entonces cuando, de pronto, aparece ante ti un objeto dispuesto a contener efímeramente, aunque de manera ordenada, artículos que cubren algunas de las necesidades básicas de los “momentos” que te brinda “tu” vida.

Entonces, piensas… ¿Y porqué no? Y vas y lo compras, y para no perder la tradición de poner una cosa dentro de otra, pides que te lo pongan en una bolsa de plástico, luego envuelto en papel y, luego, el paquete en una caja. Y así ese enigmático objeto se convierte en… tu regalo procedente de los otros dos reyes mágicos".




...Y se lo trajeron los Reyes.

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sábado, 26 de noviembre de 2011

La piedra rara



Escucha, Álvaro. Es más allá del Cerrillo de la tía Manuela, hacia los confines de la Fraga, bajo la frondosa encina que marca la linde, donde se encuentra el alpende de la Moucha. De todas partes iba gente a consultarla y hasta en los fríos días de invierno había hombres y mujeres aguardando su turno. Iban por en Camino Real. Algunos, atravesaban el sembrado de maíz, cuyas hojas se extendían como gallardetes impulsados por un viento que a nada más que a ellas rozase.

Un día llegó hasta él una mujer de labios largos y finos y ojos redondos y claros. Sus alisados cabellos, caían desde la nuca a los hombros recogidos en melena que movía con un movimiento maquinal en su ágil andar. Por eso, aunque había más de diez personas aguardando, ninguna se atrevió a ordenarle que esperase su turno cuando la notaron tan resuelta.

Sentóse Sabina - que así se llamaba la forastera- a la mesa de castaño de la Moucha, que estaba presidida por un viejo Libro de San Ciprián, raído, de hojas pajizas atravesadas mil veces por la polilla y, un poco balbuciente al principio, fue exponiendo sus cuitas.

- Estoy aquí señora Moucha, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Vivo dando clase, aprendiendo a coordinar con algo de serenidad e inteligencia mi sección, aprendiendo a tratar mejor a mi hijo que tiene momentos de comértelo a besos y otros, de comértelo sin más; siguiendo en la medida que pueda el horario de mi régimen (he de comer un montón de veces al día. A lo peor por la diabetes.), procurando mirar y hablar más a mi madre y mi tía, descansando para cuidarme. Estoy como una moto. Noto que el corazón se me acelera. Me despierto de madrugada... Releo las cartas. Trabajo a destajo y descanso cuando ya no puedo más. Siento que no sirvo para nada, que no hago nada bien. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Cómo puedo hacer para que me valoren más?.

La Moucha, sin embargo, la recibió quejándose de sus dolores de reuma y sin mirar ni a ella ni el santo Libro de los conjuros, le dijo:
- Lo siento mucho, joven, pero ahora no puedo ayudarte. Primero he de resolver mi propio problema. Tal vez después...

Y haciendo una larga pausa mientras atraía el pañuelo sobre su frente, alzando los ojos repitió:
- Bueno. Tal vez si tú me ayudas y puedo resolver mi problema, quizá pueda ayudarte a resolver el tuyo.

- Claro -, respondió Sabina que volvió a sentirse desvalorada.

Entonces, la Moucha sacó una piedra violeta que tenía en la faltriquera, se la dio y le dijo:

- Debes vender esta piedra porque he de pagar una deuda. Es preciso que obtengas por ella el máximo posible, pero no aceptes menos de cien duros de plata.

La joven cogió la rara piedra de color y marchó. Cuando llegó al mercado empezó a ofrecerla a los mercaderes. Ellos la miraban y se reían de la mujer cuando oían lo que pedía. Después de ofrecer la piedra violeta a todos los que pasaban por el mercado, abatida por el fracaso, regresó a la Fraga. A Sabina le hubiera gustado tener cien duros de plata para comprar ella misma la piedra y librar de su preocupación a la Moucha para así poder recibir su ayuda y consejos, pero no era ese su caso. Entró en la casa y dijo:
- Moucha, lo siento mucho, pero es imposible conseguir lo que me pidió. Tal vez pudiera conseguir algunas pesetas, pero no creo que se pueda engañar a nadie sobre el valor de esta piedra de color.

- Primero- dijo la Moucha frotándose la pierna- debemos saber el valor de la piedra, así que vete a la ciudad y pregunta al perista gemólogo, pues quién mejor para saber su valor. De todas formas, no importa lo que te ofrezca. No la vendas y vuelve aquí con mi piedra.

La joven Sabina fue a visitar al gemólogo, le mostró la piedra y éste pesándola le dijo:

- Dile a su dueña que si la quiere vender ahora no puedo darle más de quinientos duros de plata, porque, aunque podría ofrecerle ochocientos duros, si la venta es urgente....

Sabina volvió emocionada al alpende para contarle a Moucha lo ocurrido.

- Siéntate, dijo la Moucha. Tú eres como esa piedra, una joya valiosa, rarísima y única que sólo puede ser valorada por un especialista. Se llama tanzanita y es la piedra menos conocida y más codiciada del mundo, pues según el ángulo de que se la mire, tiene colores casi del arco iris, azul, marrón, violeta, verde...

Por eso, Álvaro, cuando esto lo leas o te lo lean recuerda siempre que todos somos como esa joya. Valiosos y únicos. Que no debemos pretender andar por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos valoren. Aprende a valorar la integridad de quien esencialmente eres, porque únicamente de ese modo podrás transmitir el valor de tu esencia a los demás.

martes, 27 de septiembre de 2011

EL ECO

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Podría describirte, Álvaro, el Cerrillo de Costalo, como un bosquecillo en el interior de un gran bosque de olivos. En él, el bajo llano que divide La Fraga, se eleva en pequeño promontorio y se corona como una mancha donde rompe la carrasca, el quejigo, la encina y el pinar. Es como un mundo dentro de otro mundo, una vida dentro de otra vida.

En sus panderas tiene la guarida el tejón y desde su olvidada era de trilla, hoy invadida por la maleza, tienes las perspectivas más grandiosas del cercano Aznaitín. Salpicado de piedras lunares, ha sido y seguirá siendo el lugar donde las soledades del alma buscan la memoria de los seres queridos que en su día desearon reposar allí y de los que, ahora, sólo puedes percibir su mágica áurea que certifica que es habitado por su espíritu que acaba envolviéndote.

Te explico esto, trocito de mi vida, porque de pequeño me vi. sorprendido en ese mágico lugar por un hecho que hoy, que estamos solos tú y yo, quiero contarte.

Un día de Otoño decidí traspasar los linderos de La Fraga y ascender al Cerrillo de Costalo. Era una aventura, la aventura prohibida, porque ya sabes que en sus proximidades se encuentra la bocamina del pozo. Por eso, mi padre me tenía prohibido internarme en aquel paraje, que me parecía mágico, sin compañía alguna. Seguí la vereda, vadeé el pozo dejándolo a mi derecha y me encaramé en un montículo ahogado de árboles nuevos y distintos, que con sus hojas formaban una apretada pared. Había una leve neblina y las sombras se dibujaban en el aire. La tenue luz parecía moverse en las ramas y troncos como si fueran a acercarse. Sentí deslizarse entre mis sandalias multitud de insectos con toda la prisa de sus patitas entorpecidas y oí tantos ruidos entre el follaje del tojal, que sentí miedo.

Y fue entonces cuando para disipar mi miedo, grité: ¡No eres nadie¡. Para mi sorpresa, en las paredes del Aznaitín oí una voz que repetía: ¡No eres nadie¡. Y armándome de un valor fingido, exclamé: ¡ Cobarde¡, volviendo a recibir una respuesta lejana y repetitiva: ¡ Cobarde¡,!Cobarde!

Abandoné de forma apresurada el Cerrillo y busqué a mi padre. No recibí de él ninguna reprimenda. Recuerdo que cogió, con cariño, mi mano y me hizo subir de nuevo al lugar recién abandonado; puso sus manos abiertas en la comisura de los labios y gritó: ¡Te quiero¡. Quedé asombrado cuando de todos los rincones de La Fraga escuché un sonido que envolvió mi ser: ¡Te quiero, te quiero, te quiero...¡.

Después, Álvaro, sentándose sobre la piedra lunar que está en el centro del Cerrillo, esa que tiene forma de jiba de dromedario, me tomó sobre sus piernas y me dijo amorosamente:

- Mira, hijo, la gente lo llama "eco", pero en realidad es la Vida.

De mayor, querido mío, he comprendido lo que mi padre quiso decirme. Comprendí, al fin, que lo que recibes en tu Vida no es una coincidencia, sino un reflejo de nuestras acciones que te devuelve todo lo que haces. Que si deseas amor, debes crear amor; si deseas felicidad, ofrecerla y si una simple sonrisa, sonreír al alma de los que conozcas.


Y por eso, por todo eso, recuerda siempre, Álvaro, cuando esto lo leas o te lo lean, que si alguna vez no te gusta lo que recibes de regreso, debes revisar muy bien lo que estás ofreciendo.


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Escucha, niño mío, ahora que yo y tú, Álvaro, estamos solos, te quiero contar un cuento:
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